El padre que aspiro a ser

Es casi el Día del Padre, y eso siempre me hace reflexionar sobre la clase de padre que soy. Creo que soy bastante decente, aunque no estoy donde me gustaría estar.

Las cosas buenas que hago: trato de inspirar a mis hijos, hago proyectos con ellos como programación y ajedrez y creación de sitios web, les leo a los más pequeños, hago cosas al aire libre con ellos, les enseño sobre responsabilidad y compasión, lo intento para darles un buen ejemplo.

Pero siempre puedo hacer más, siempre. En realidad, no es que pueda hacer más, es que puedo estar con ellos de otra manera.

Este es el padre que aspiro a ser:

Quiero dejar de lado mis expectativas sobre ellos y ser más tolerante con quienes ya son.

Quiero ser menos controlador y dejarlos ser.

Quiero ser menos estricto y estar con ellos.

Quiero que mis acciones a su alrededor estén menos impulsadas por los miedos y que les permita cometer más errores y tener más libertad.

Quiero estar menos concentrado en su yo futuro y más agradecido por su yo presente.

Quiero ser el ejemplo para ellos: ser feliz, inspirado, consciente, pacífico, cariñoso, tolerante, agradecido.

Al final, nunca seré el padre perfecto. Aspiro a ser mejor, pero nunca alcanzaré ese estado ideal. Sigo pensando que la aspiración es una actividad digna, aunque solo sea porque me hace reflexionar sobre mis acciones y ver si están alineadas con mis mejores valores.

Al final, no importará si soy perfecto como padre. Solo importará si estoy ahí para ellos y si los amo, lo cual hago con todo el fondo de mi corazón.